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NUBES ALOCADAS CON VIENTO PICANTE

In Relatos on 18/06/2017 at 18:46

Se cuenta que dos pueblos estaban separados por un precipicio oculto por las nubes que el viento agolpaba allí. Tan solo un puente de madera y cuerda sostenía la comunicación vital entre ambos. Unos carecían de suficientes cultivos para alimentarse y los otros obtenían suficiente pesca para vender. Ambas villas maldecían a sus antepasados por instalarse en aquel terreno donde el amo tenía tan poca humanidad.

No transcurría día sin vendaval que se enseñoreaba sobre aquella pasadera y las muertes no eran extrañas entre quienes se atrevían a transitarlo.

Otros pueblos lejanos se burlaban de ellos por no superar el conocimiento de sus antiguos, pero tampoco les prestaban ayuda porque, a decir verdad, ignoraban las corrientes y el movimiento de las nubes. En suma, no entendían nada aquellos graciosos.

Por entonces se tornó costumbre lanzar un objeto de madera esculpido con la imagen del viento que cada oferente tenía en su imaginación para tratar de engañar a las nubes y ordenarlas que vagaran a alturas superiores. Unos proyectaban su reverencia al céfiro, otros al austro y así, cada uno, a una dirección conveniente. Pronto se fundaron cuatro monasterios que se repartieron entre ambos pueblos.

Este desesperado misticismo no alivió la ventolera rutinaria surgiendo más temprano que tarde diversas escuelas religiosas de cada monasterio todas dispuestas a aliviar el mal ajeno con un cuento nuevo.

Con el tiempo se desarrolló una caligrafía rudimentaria en sustitución de las piezas de leño arrojadas al vacío y el viento formó parte insustituible en la composición de cada palabra. Los más ingeniosos personificaron tanto las masas nubladas como las aéreas; unos pocos las designaron con nombres propios rimbombantes. El caso era conseguir ahuyentar estos dos ruinosos elementos atmosféricos aunque para ello pasaron de la sencilla petición personal al ritual colectivo.

Un día el clima se tornó benigno: el viento cesó en su existencia y las nubes fueron desapareciendo poco a poco. Inmensa alegría que todos se atribuyeron pues no era baladí haber malgastado tanto esfuerzo mental. Cuántas fiestas se celebraron. Lo primero que hicieron fue construir un puente recio y el comercio tuvo un auge jamás visto. Los textos sobre el viento cayeron en el olvido; los santuarios vivieron entre el descuido y el abandono total y con la buena marcha de la economía nadie se preocupó del posible retorno de aquel maligno amo: el sol iluminaba las cosechas y un esplendoroso futuro. Mas he aquí que una mañana se presentó de improviso el viento con rachas huracanadas desatando la locura entre los aldeanos. El temor estaba justificado. Antes eran pobres que no tenían nada que perder pero, ahora, la riqueza acumulada impelía a buscar un hogar con menos aires transformadores.

Algunos viajeros lejanos que habían oído de la fortuna de estos lares se asombraban del lamentable estado de las casas y del deterioro del puente ocupado por nubes espesas como los mares. Recogieron pedazos de textos caligrafiados con buena mano; restos de objetos votivos y algunas habladurías de los escasos habitantes que quedaban. Juntaron las piezas y empezaron a escribir leyendas que vender y poder comer como esta que os estoy relatando pues, en honor a la verdad, el menú de mi estómago se compone de nubes alocadas removidas con viento picante.

TARZÁN Y JANE (1932)

In Uncategorized on 29/05/2016 at 19:57

Análisis visual erótico

Mira colega, yo no tengo la culpa de que se exponga una interpretación de los hechos de estas escenas cinematográficas. Si es falsa tu verás; si tus ojos te engañan tu sabrás.

La película tenía un halo de erotismo del que habían hablado críticos y fans pero, francamente, es difícil de ver incluso para una mirada adulta. A cámara muy lenta, fotograma a fotograma, la situación es distinta apreciándose escenas subidas de tono, además de desnudos y semidesnudos.

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No obstante el erotismo subyacente de “Tarzan and his mate”, se descubre también a una Maureen O’Sullivan portentosa en varias escenas de miradas altivas o seductoras. Guau, qué chica.

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You see? Woman’s greatest weapon is man’s imagination [¿Ves? La mejor arma de la mujer es la imaginación del hombre”]. Habría que añadir: y un juego de miradas.

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Esta escena del desnudo acuático, interpretada por una doble, se suprimió de las exhibiciones en los cines en su estreno. Se añadió posteriormente en ediciones modernas.

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Tambores yu-yu presagian a los temidos gaboni.

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Los varones también realizan descubrimientos mundanos. El extra se merece un premio por esta escena.

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Jane, sola ante los leones, no tiene miedo.

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La piel y la mirada se contraponen en esta escena donde Tarzán se derrite en el encuentro con Jane. Esas manos, chaval.

Soberbia interpretación de Maureen O’Sullivan: miradas, gestos y carantoñas capaces de fundir una estatua de mármol.

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Llegamos a la escena final y culmen de ese erotismo camuflado en la película. Tarzán y Jane montados en un elefante sujetos al vaivén de su movimiento. Nunca mejor dicho. Atentos a la estrategia de ataque ¿del personaje o del actor?. Parece dar resultado: “Always gone” [Siempre ido].

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Quieto parao, bicho. Retírate. Buena estrategia y buena receptividad, pero…

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No pongas esa cara, hombre; siempre hay que estar atento. Aaaalways. Mmm, qué oportuno movimiento elefantino.

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Jamás se sabrá si hubo interpretación o espontaneidad. La sonrisa maliciosa de Johnny Weissmuller da qué pensar y Maureen no se halla a disgusto; falta rematar la estrategia seductora. La voz es importante. Aaaalways.

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Ay, quienes ocuparan el lugar de Tarzán y Jane ahora mismo… en esa puesta de sol.

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Qué gran descubrimiento la interpretación de Maureen O’Sullivan en esta película. Embobado y embaucado con sus miradas y gestos placenteros. Eso es erotismo 100%.

ASALTAR LOS CIELOS…

In Uncategorized on 20/02/2016 at 20:57

Texto: Àngels Martínez Castells

@angelsmcastells

… APODERARSE DESDE ABAJO, COMPARTIR TRABAJO Y CONOCIMIENTOS

Acampada-BCN

Acampada del 15M en plaza Cataluña (plaça Catalunya) en 2011. Foto del sitio web:

http://logros.15m.cc/sample-page/acampada-bcn/

Es un grave error de las élites y asimilados creer que, en momentos tan obscenamente austericidas y autoritarios, puedan seguir representando a las personas del mundo del trabajo. No las representan ni los profesionales de las desigualdades, ni los servidores de los poderosos, ni los distribuidores de las migajas (por más que haya demasiada gente decente que les vota). ¿A qué mujeres representaba la ministra Ana Mato [exministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad de España, 2011-2014, del PP], de la que se decía que el momento más emocionante del día era cuando veía cómo “vestían” a sus hijos mientras finalizaba el Decreto-Ley 16/96 que significa el inicio de la gran exclusión en el sistema sanitario, con el cambio de modelo, la mercantilización, de la sanidad  y los durísimos recortes?

Ana Mato podría ser otro ejemplo de la “banalidad” de la que nos habla Hannah Arendt, pero también de una élite demasiado alejada del común de los mortales porque parece liberada de las tareas y de los trabajos. Una élite que se reserva el monopolio de la política y se perpetua en la cumbre de los consejos de administración, de las más altas magistraturas, de los ejércitos y, también, de los parlamentos. Una élite que, pese a lo que aparenta, no está libre de necesidades, sino atendidas por otras personas a su servicio: las no emancipadas, en muchos casos mujeres “idénticas” (que no iguales) y personas emigradas (muchas de ellas excluidas de la sanidad pública por decretos como los de la infausta Ana Mato) y, por tanto, sin derechos, viviendo en el miedo y la semiclandestinidad, doblemente invisibles. Una élite que escatima las pizcas que caen de la mesa y que sólo se puede considerar “emancipada” si impide, por tierra, mar y aire, la emancipación de la mayoría.

Que no, que no, que no nos representan…

La frase que más iluminó la arena política en 2011 fue, precisamente, la que “no nos representan”. Una verdad de una fuerza incuestionable. La inmensa mayoría del Parlamento no podía representar a la gente del hogar y el trabajo. de los conocimientos amputados, de las vidas difíciles de los que llenan calles y plazas. En los talleres, charlas y aportaciones diversas en torno al 15M (1), comenzó a verse (de nuevo) claro que los afortunados (en sentido literal, los únicos que poseen fortunas), que monopolizan el pensamiento oficial (único) y dictan la política económica para la que, dicen, no hay alternativa, no sólo escriben y elaboran las leyes y la historia a su medida y para su provecho, sino que nos condenan, como no puede ser de ninguna otra manera, a la historia de la desigualdad.

Muy consciente de cómo está cambiando el escenario político, y que hay una gran diferencia entre Ana Botella [exalcaldesa de Madrid, 2011-2015] y Manuela Carmena [actual alcaldesa de Madrid], y entre Xavier Trias [exalcalde de Barcelona, 2011-2015] y Ada Colau [actual alcaldesa de Barcelona], pienso que no se puede llevar a termino acción política para las felicidad de las personas y atender sus necesidades si se ha vivido, y se vive, en un mundo donde las necesidades parecen ausentes. Donde las tareas domésticas y las personas que las realizan son invisibles, donde los trabajos y los servicios más pesados son cosa “de los otros”, esta inmensa mayoría para quien los derechos humanos, de tan precarios como los viven, han llegado a ser poco más que literatura.

La respuesta que se me acude primero es que sin romper, en vivo y en directo, la división de los trabajos, sin abrir y compartir conocimientos y sin aniquilar privilegios – y hacerlo de manera constante, hasta que voltear esta situación de lo establecido sea costumbre-, es del todo imposible. Sólo se puede ir repitiendo, con escasas variaciones, la historia de la desigualdad y la bárbara irracionalidad de estos tiempos. El gran peligro es que mientras muere lo viejo y nace lo nuevo, las primeras personas insumisas, procedentes de todas las mareas, calles y plazas, de las más variadas luchas, que llegan al caos donde se perpetúan, con toda solemnidad, las irracionalidades que provocan sufrimiento y locura, acaben en el adiestramiento que obtura las vías del cambio radical, permanente e imprescindible.

¿Se puede hacer política para los desposeídos si se vive sin necesidades?

No sé si hay una nueva y vieja manera de hacer política. Lo que sí sé es que hay intereses muy concretos que se preservan y sirven de muchas maneras. Y que lo que hay que cambiar, hasta la raíz, son los modos excluyentes, autoritarios, caciquiles de hacer política. Y, de manera especial, dar una fuerte sacudida a las prioridades indiscutibles; a los compromisos adquiridos; a las puertas giratorias que nunca se paran [altos funcionarios públicos que terminan en altos cargos empresariales]; a la falta de transparencia que siempre beneficia a los mismos, a la imposibilidad de que la gente “de abajo” conquiste una visibilidad significativa y continuada… Y que pueda porque sí, porque le corresponde, porque tiene derecho, cambiar todos los órdenes del día. Y aparecer en los titulares de las noticias y ocupar el centro del ágora: vengan de donde vengan, sea cual sea su edad, género o aspecto. Sólo así podremos esperar, como decía Brecht, que los que han de nacer piensen en nosotros con indulgencia.

La exclusión de la política

Cualquier persona que se indigne y rebele porque se le impone una ruptura en sus tiempos vivenciales, que se da cuenta que no encuentra momentos para hacer todo lo que querría acometer, y que se le escatiman medios y oportunidades para informarse, leer, aprender e intervenir en espacios y movimientos colectivos, terminará tarde o temprano reflexionando sobre la división del trabajo y los conocimientos que sólo reproducen privilegios. (2)

Una de las lecturas en la que se pueden encontrar muy buenos elementos para el análisis de esta alienación es un texto de 1963 que merece la pena releer a menudo porque mantiene el secreto de la vigencia. Me refiero al “Studium Generale“, de Manuel Sacristán, que según explica, nace de la consulta que le hicieron dos estudiantes de Derecho, grandes aficionados a la pintura y poesía uno, y al cine y alpinismo otro, por si por motivo de la carrera tenían que renunciar a las actividades extrauniversitarias.

Sacristán entendía la desazón, con el problema agraviado en su caso, de intentar armonizar muchas más responsabilidades. Parece que les dio el consejo de “realizar algo a fondo”, y revender inmediatamente el Código Civil y no matricularse más en Derecho, o cerrar los libros de poesía, los pinceles, las revistas de cine y las botas de montaña, como mínimo hasta junio.

El problema que planteaban los estudiantes puede parecer de poca entidad, pero no está muy alejado del de tantas personas que intentan hoy combinar estudio y trabajo, acción social e intervención política, y que arañan los segundos para construir todo lo que se necesita para poder sobrevivir y sonreír, y fortalecer, con participación poderosa, las luchas que apuntalan una sociedad que se decanta más y más hacia autoritarismos demasiado peligrosos.

El paso del tiempo no ha hecho más que agravar hasta el absurdo los dos peligros fundamentales que se denuncian en el opúsculo: por un lado, la generalización (y banalización) de la que viven aquellas personas que parecen estar por encima de la división de los conocimientos, ya que hablan de todo y no son responsables de nada de lo que dicen y afirman (ver tantos y tantos tertulianos y formadores de opinión…); y, por otro lado, la superespecialización que incrementa las eficiencias del sistema a costa de empobrecer y robotizar a las personas y enmohecer secciones enteras de sus circuitos cerebrales.

Con la superespecialización de nuestros días, el apasionado por el derecho hipotecario que menciona Sacristán ha reducido aún más todavía su horizonte. Hoy, su homónimo dedica la jornada laboral y mucho más a observar las ligerísimas oscilaciones de décimas de punto en la cotización de determinados valores o divisas. Y da órdenes de compra y venta que mueven millones de divisas por la red y convierten los “mercados” en casinos sin más referencias culturales, históricas o sociales que la tendencia de un diente de sierra en un gráfico, al servicio del enriquecimiento de las más exclusivas minorías.

Sacristán: “Privar de cultura a la gente común”

Ante la futilidad perversa que caracteriza nuestro tiempo, el “Studium Generale”, reivindica la profundidad de la reflexión y, recuperando a los clásicos, realiza una valoración de las consecuencias de la división del trabajo a las que querría sumar – porque ya han pasado más de cincuenta años desde que se escribió el texto y porque el feminismo ha elaborado mientras tanto un discurso potente y coherente al respecto- algunas valoraciones adicionales. (3)

La especialización, según el “Studium Generale”, significa “privar de cultura a la gente común” (y hacerlo es también, seguramente, la única manera de asegurar el mantenimiento de la corrupción, la explotación y la desposesión plebiscitadas [*] en las urnas). Y las que han sido más privadas de cultura, más abandonadas, marginadas e, incluso, culpabilizadas socialmente si pretendían acceder, han sido las mujeres, confinadas a la realización social del hogar que les viene encomendada desde los inicios patriarcales: “la mujer no nace, se hace”, como nos explicó hace tiempo Simone de Beauvoir.

El hogar, que asegura en definitiva la supervivencia individual y de la especie, se ha de realizar en lugares cerrados, nunca públicos, y quien la lleva a término nunca son las iguales, sino las idénticas, mujeres sin rostro propio. En la medida que el hogar demuestra la debilidad de nuestra humanidad, nos niega como semidioses, es inconcebible que se pueda amamantar (“cuidar”) desde los escaños de un Parlamento. Mato disfrutaba mientras le vestían los hijos, y todo parecía en orden. Pero el bebé de Carolina Bescansa en el hemiciclo tiene un valor simbólico que remueve las raíces del liberalismo: no respeta la separación de las esferas pública y privada y desafía la división de trabajos donde la división de los poderes se demuestra tanto en precario. De aquí la llamada de los “liberales” que desde sus escaños alzan la voz airada contra las personas en paro, pero se aferran en mantener la división de los trabajos como salvaguardia de sus privilegios.

El pensamiento reaccionario que pretende avalar como “natural” la división de trabajos y conocimientos impide el acceso al saber e intervención en la esfera pública de tantas y tantas personas, y hace muy difícil elaborar una perspectiva de su propio sometimiento, y un concepto y método (entendido más que nunca como camino) para la propia emancipación. El mejor modo de perpetuar el “arriba y abajo” del que vienen aprovechándose los poderosos es conseguir que se acepte como natural que la emancipación está reservada “a los otros”.

Que la emancipación es un concepto ajeno a su realidad o incluso, si entramos en valoraciones morales, que es sospechosa de males personales y sociales, y no puede acabar siendo nunca una buena cosa. “Siempre habrá ricos y pobres” o, en versión moderna, “es el empresario el que crea los puestos de trabajo y la riqueza”. Así, las acciones emancipadoras (e incluso el análisis cuidadoso del lenguaje que contiene tantos conceptos falsos) pueden terminar siendo objeto del peor anatema de nuestros días, que es calificarlas de antisistema… cuando de hecho el peor de los males es de hecho el propio sistema y su cruel irracionalidad. (4)

Del hogar al trabajo…

Siguiendo a Arendt, podríamos definir el trabajo como una actividad que corresponde a lo que no es natural de la existencia de la persona, pero que le da  en el tiempo una cierta permanencia y durabilidad. Nos permite entrar con más facilidad en el mundo de la autoestima por el reconocimiento social que, en grados distintos, se le da. Pero no para todas las personas en igualdad de condiciones, ya que también el trabajo está sometido al reino de la irracionalidad que son las “leyes del mercado” para las cuales todas las personas no son iguales y las diferencias (desvalorizadoras) tienen razón de ser por origen, edad o género. Que los trabajos han entrado a reforzar las jerarquías de la desigualdad lo demuestra cómo se ha ensanchado en los últimos tiempos el abanico de salarios, que va de los trabajadores pobres que necesitan del salario, ayudas y comedores sociales para sobrevivir, y los sueldos obscenos de los altos directivos.

En cualquier caso, el trabajo (o su consecución) se ha convertido en “otra realidad” que colisiona con el hogar, pervierte en muchos casos los conocimientos, y provoca una división importante en la continuidad de nuestras horas de vigilia: irónicamente, para dar relieve social al tiempo en el que vendemos nuestra fuerza de trabajo, se desvaloriza y fagocita el tiempo que compartimos con nuestras amistades, los seres que estimamos, o el tiempo de ocio, o por la cultura, o para hacer política.

Merece la pena recordar que uno de los grandes fracasos que como sociedad tenemos ante la irracional realidad es que cerca de un 50% de nuestros jóvenes no pueden acceder a un puesto de trabajo digno, sino en encargos esporádicos, sin garantías de continuidad, ni por tanto posibilidad de garantizar una mínima autonomía económica. El acceso al trabajo se ha convertido en una dura competencia entre seres humanos porque la irracionalidad hegemónica nos lo quiere hacer ver, absurdamente, como un bien escaso, para el cual no hay sacrificio pequeño: másteres/maestrías, especializaciones… donación de la propia identidad y del tiempo de vida y, si hace falta emigrar, la renuncia a nuestras raíces.

La exclusión que domina nuestro tiempo nos priva de nuestros derechos, de poder vivir con las personas que amamos, y si no aseguramos lo que está cambiando de positivo y  echamos a los monstruos oportunistas destruyendo barreras entre trabajos y conocimientos, entre la esfera de lo que es público y la mucho más engañosa de lo que es privado, sólo podremos perpetuar una sociedad en la que cada vez nos podremos reconocer menos como seres humanos. Es urgente darle la vuelta a las instituciones, asaltar los cielos, poner a la orden del día la libertad, la igualdad, la fraternidad (y la imprescindible sororidad). Como lo está haciendo cada día la gente insumisa, apoderada y rebelde  con tantas causas que merecen la pena. Porque la lucha es salud, y por nuestra propia dignidad. Como repetimos a menudo a Dempeus recordando a Krishnamurti: “No es signo de buena salud estar tan bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”. Lo que hay que hacer, pues, es aceptar todos los retos y cambiarla.

Notas

(1) Tuve oportunidad de vivir este proceso en la difusión de ‘Reacciona’, publicada pocas semanas antes del 15M del 2011 por Aguilar con este listado de autores: José Luís Sampedro, Mayor Zaragoza, Baltasar Garzón, Juan Torres, Àngels Martínez Castells, Rosa María Artal, Ignacio Escolar, Lourdes Lucía, Javier Pérez Facal, Javier Albéniz, Carlos Martínez y Stéphan Hessel (prólogo).

(2) En la otra cara de la moneda, desde los desposeídos, estas continuas renuncias significan empobrecimientos personales que pueden terminar convirtiéndonos en una especie de mascotas amaestradas que suministran – y no cuestionan- la coartada del sistema.

(3) Para hacerlo seguiré utilizando la lectura que desde el feminismo se ha hecho de la obra de Hannah Arendt, ‘The human condition’ (Paidós, 1958).

(4) Un argumento más para reforzar el concepto es que el hogar es una responsabilidad invasora: ocupa todo el tiempo, o lo que es lo mismo, toda la vida. No hay jubilación para el hogar. En la mayoría de casos no hay festivos ni vacaciones… Y en la medida que son labores dirigidas al bienestar de los otros implican mucho más que una división desigual del trabajo o la abrumadora responsabilidad de asumir una falsa autonomía de los otros a costa de la propia: implican, de hecho, una donación total del yo que difícilmente (sólo mediante sobredosis casi letales de sublimación religiosa o mística) podríamos relacionar con la propia realización de la persona, su enriquecimiento y aún menos su emancipación.

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(*) Neologismo: palabra no reconocida en los diccionarios oficiales de catalán y español o castellano, si bien en este último idioma se usa, con alguna frecuencia, en el ámbito mediático latinoamericano (36.800 resultados en google), sobre todo, en Argentina y Chile.

Traducción de Kanquigua. Original publicado el 190216 en el diario digital catalán El Crític.

http://www.elcritic.cat/blogs/sentitcritic/2016/02/19/assaltar-els-cels-apoderar-se-des-de-baix-compartir-treballs-i-coneixements/#.VscE3_vjwd8.twitter

Los cuentos chinos son para astronautas

In Uncategorized on 29/03/2013 at 21:55

Vosotros usaréis el bote para ir por el río”. La afirmación del líder de los expedicionarios templó cualquier discusión y al equipo de la nave interestelar no le cupo duda de que contaba con el apoyo de los presentes. Podían haberse accidentado en el Amazonas pero no estaban en la Tierra, y la posible ayuda era una cuestión que se había encargado de disipar la agencia de viajes espaciales en su promoción: “Viajes sin retorno seguro”. ¿Qué podía decir el comandante?

Nosotros somos cuatro; ellos siete. Son mayoría y han decidido- dijo Crispín de Goliath a la tripulación a sus ordenes. Los dos grupos se hallaban a decenas de metros de distancia; unos cobijados en el interior de la nave, vigilándola, mientras los miembros del cuerpo técnico se juntaron al aire libre envueltos en la ominosa oscuridad de la noche. Les quedaban pocas horas; al despuntar el alba los expedicionarios se proponían gobernar la nave, en piloto automático, para regresar al planeta de donde partieron, en tanto que por el vasto río, calculaban, se tardaría de una a dos semanas en llegar a alguna ciudad e ignoraban si los nativos hablarían el idioma terrestre suponiendo que el recibimiento no fuera hostil y no carecieran de tecnologías de comunicación.

Nos están abandonando a nuestra suerte – dijo el navegante.

Tras el accidente la nave quedó semiinutilizada no quedando espacio para todos; puesto que los expedicionarios habían pagado por el viaje resolvieron el plan a seguir; además, actuaron como una piña.

La suerte se la trabaja uno – contestó el copiloto alzando la voz. Desató una perorata de fuego lento con la que amaneció presentando la siguiente disyuntiva: apoderarse del vehículo espacial matando a buena parte de los expedicionarios. Ellos eran los más sabios, les dijo; astronautas formados en academias, experimentados en sus trabajos; físicos cuidados y fuertes. No había necesidad de conformarse ante la penosa situación. Podían y debían superarla. ¿Quiénes eran los expedicionarios? Niños de papá, viejos ricachones, famosos en busca de aventuras extremas y algún imbécil que había ahorrado toda su vida para un viaje como aquel. ¿Qué representaban frente a ellos: los 4 fantásticos? El discurso apaciguó las mentes silenciándolas: nadie preguntó cuál era la alternativa.

El ruido de los motores evidenció la realidad extraña en la que se encontraban. El navegante se preguntó mientras veía la nave surcando los cielos: “Todo fue una engañifa, ¿verdad?”. Una voz conocida le respondió sonriente: “Los perdedores tienen derecho a imaginar un final distinto”.

 Kanquigua

En casa del enemigo

In Uncategorized on 18/11/2012 at 16:25

Salgo caminando con la bici en un entristecido día de tintes azulados. Debería tener prisa: hoy hay un discurso del presidente Rafael Correa, de Ecuador, en el que expondrá un informe de cuentas de la nación a sus ciudadanos.

Será la primera vez que lo vea y escuche en persona. No voy con ninguna idea preconcebida. Ya llegaré.

Lo cierto es que son dos donuts de chocolate los que están demorando mi llegada; mientras paseo por el barrio, en fiestas mayores, observo el despertar de la ciudad. Faltan 10 minutos para las diez y es un magnífico día otoñal sin colores verdes pardos ni rojos apagados: sólo los tristes azules dan la bienvenida.

Los dueños de los restaurantes están colocando las sillas y las mesas; otros se están disfrazando con los gigantes muñecos de comparsa clásicos en estas fiestas de barrio. Escucho el sonido de una persiana levantándose; asoma su dueña en batín y nos miramos. No hace un excesivo frío. Me termino los donuts y monto en la bici para ir, sin prisas, hasta el recinto donde se organiza el discurso allá en el Parc del Fòrum. He ido muchas veces y calculo, mentalmente, el tiempo que tardaré; quizá llegue cuando ya haya empezado.

Una vez allí no encuentro el lugar, así que intento distinguir a ciudadanos ecuatorianos, dando una vuelta por el Fòrum. Los diviso cerca de un edificio, al que se dirigen en fila. Ato la bici a un árbol y accedo: me registran la mochila y me obligan a quitar el tapón del botellín de agua: “es la ley”.

Sobre las diez y veinte entró al Salón de Actos: Correa está justo subiendo las escaleras de acceso a la tarima. El Salón está lleno pero los pasillos laterales y central están despejados, excepto los metros más cercanos al proscenio.

Desde el mismo una presentadora pide a las personas que ocupen sus asientos, a lo que otra mayoría asiente con la cabeza y gritos de queja: “Eso, eso, que se sienten”. Es lo de siempre: si delante se ponen de pie al resto no le queda más remedio que alzarse si quieren ver, y, es evidente, las ganas que hay observar al presidente de Ecuador.

Me detengo en medio del pasillo central para hacer un par de fotos e intentar ver a Correa in situ, pero tengo que conformarme con verlo aparecer por las pantallas. El gentío de delante hace imposible tal circunstancia.

No obstante, quien empieza a hablar no es él, sino un joven llamado Roland Zapata, becado con un beca Senescyt que le permite estudiar en una universidad extranjera. Agradece al presidente lo que ha hecho por el país y declara, con tranquilidad, sentirse, por primera vez, orgulloso de ser ecuatoriano.

Sí se puede” comienzan a gritar muchas voces. Será un cántico que se repetirá. A continuación habla el cónsul de Ecuador en Barcelona, un antiguo ¿general?, Richard Oliva, que señala la existencia de 80.000 ecuatorianos en Catalunya. Tras su breve discurso, más plagado de agradecimientos a Correa y su gobierno que de sus funciones propias, se despide, mientras Correa, ya a su lado, le devuelve el cumplido indicando que este funcionario es un “migrante”. Es lo lógico, “¿quién mejor que alguien que ha sido migrante para entender los problemas de los que lo son?”

Con el aforo completo el presidente saluda a los suyos, emigrantes en un país extranjero aunque de vínculos históricos; con especial cariño les recuerda lo mucho que les debe Ecuador; su gobierno no se ha olvidado de ellos.

Les pide perdón en su nombre y en el de las actuales instituciones por este exilio obligado por culpa del feriado bancario ocurrido en 1999.

Prácticamente no menciona que hay elecciones en su país el próximo año, pero, a la entrada, 3 personas reparten unos folletos donde se destacan los logros del gobierno en su “Informe de rendición de cuentas” a los ciudadanos.

Y en eso va a consistir su discurso, nada panfletario, sosegado y no haciendo caso cuando la gente le vitorea, pero afirmando todo lo que se ha hecho, para que no se olvide.

Suficientes cámaras de televisión para grabar este acontecimiento y algún cámara tomando vistas del público moviendo por los pasillos. Sus conciudadanos, además, van pertrechados con teléfonos móviles, cámaras fotográficas y algunas tablets: todas filmándole y, en alguna ocasión, enfocando al auditorio.

Comienza Correa destacando el nuevo retrato de un país: “Lo que más sorprende a un extranjero que visita el país, en estos años recientes, no son las carreteras, las cuales son, actualmente, de las mejores de Latinoamérica ¿quién iba a pensar eso años atrás?; no son las mejoras en educación y sanidad, gratuitas hoy día; el cambio más profundo que nota, quien haya estado viajando en estos años; viaje hace poco o piense en visitar el país, es el cambio de actitud de los ciudadanos. Ahora se exige lo que es normal en Europa”.

Desgrana los cambios habidos, ya conocidos por mí a través de los periódicos, los libros universitarios – el suyo propio: De Banana Republic a la No República – , etc., sin embargo, puede que sus propios ciudadanos desconozcan tales hechos. No le falta razón, sobre todo, entre aquellos que proceden de Guayaquil, la ciudad conservadora y feudo de la derecha del PSC, Partido Social Cristiano, los cuales no tienen tan claro lo que ha supuesto su “Revolución Ciudadana”.

En Barcelona, al menos, se podría decir que el 50% son de Guayaquil o la provincia del Guayas.

Quiere dejar en claro que su compromiso es para beneficio del ciudadano “que jamás ha participado” de las riquezas del país; así menciona lo primero el índice de crecimiento económico en el 8%, situando al Ecuador entre los 3 primeros países de Latinoamérica. Merced a ello han logrado rebajar, también por primera vez, el índice de extrema pobreza [1,2$/día] por debajo de los “dos dígitos”, en el 9%.

Correa muestra las causas: el dinero no sale debajo de la piedras. La renegociación de la deuda externa, comprando los bonos directamente a los tenedores, supuso un ahorro para el país de 8.000 millones de dólares; una deuda externa producto de los bonos que debía renegociar el país cada vez que solicitaba un préstamo a los organismos internacionales. “Bonos al que le aplicaban un 100% de su valor en cada renegociación, cuando en el mercado estaban a un 35%. ¿Y quién creen qué tenía esos bonos aparte de inversionistas extranjeros? La banca nacional ecuatoriana. Pregúntenle a Lasso [alza la voz]. Pregúntenle cuando venga aquí a hablar de su candidatura para las elecciones”. El señor Guillermo Lasso representa a la banca, él mismo presidente ejecutivo del Banco de Guayaquil, uno de los grandes de Ecuador. Un equivalente a Emilio Botín; que, ahora, se ha postulado para presidente en las próximas elecciones de febrero del 2013.

La otra vía de obtención de dinero han sido los impuestos cuya evasión ha sido “el deporte nacional”. Alude a la crítica de que su gobierno los ha aumentado. Al contrario, señala, los han reducido. Lo que sí han hecho ha sido exigir y cumplir el cobro de los impuestos a las empresas y a los personas ricas. De hecho, el IVA que tiene Ecuador, remarca, es del 12%. “¿Cuánto es en España?, pregunta al público y se queda en silencio el tiempo escaso antes de oír las primeras voces. No espera que terminen la respuesta, es una cifra de sobra conocida.

En Ecuador los medios de comunicación impresos dedican artículos, semanalmente, a España sobresaliendo los de cariz económico y social por afectar a bastantes conciudadanos. Las noticias sobre los desahucios son tema de portada.

POr cierto, Correa añadió que ahí estaban, entre los asistentes, ese movimiento social, el PAH. Miré al centro de la Sala y sí, de pie, una docena larga de personas, con la camiseta verde de este grupo social, permanecían atentos a lo que escuchaban.

Cuando estuve en Sevilla [recientemente, por la cumbre Iberoamericana], vi un cartel que me quedó en la memoria: ‘Gente sin casas y Casas sin gente’. Muy cierto. La economía está en función de la gente, no al revés”.

Para demostrarles a los suyos que este gobierno no se encierra en los logros alcanzados, y que piensa en el futuro, les habla del extraordinario proyecto de Coca-Codo Sinclair, una central hidroeléctrica que suministrará el 90% de la energía eléctrica al país propiciando que, por primera vez en su historia, sea exportador neto de energía y, además, limpia, con mínimo impacto en el medio ambiente pues no se basa en la típica presa para contener las aguas caudalosas de un río. Realmente es un proyecto de ingeniería asombroso con las aguas cayendo, como por unos embudos, 600 mts. hasta una docena de gigantescas turbinas que generan suficiente electricidad como para enviarla “hasta el norte de Chile” en un acuerdo con otros países de la zona andina, léase Perú y Colombia sobre todo.

Todo ello posible, recuerda Correa, gracias a lo que recauda el Estado y a la regulación y control del poder financiero y empresarial “en beneficio de todos ustedes”. Además del petróleo, claro.

Antes el Estado percibía un porcentaje pequeño de las compañías petrolíferas, ahora el estado recibe el 99% de las utilidades y el 1% es el beneficio de las compañías. Todo eso dinero ha servido, con los precios altos del petróleo, para estas inversiones.

Podrían haberlo dejado tal cual y tenerlo en ahorros, pero, piensa el presidente, sin inversión pública sería “pan para hoy y hambre para mañana”.

Es motivo de orgullo, reconoce, la concesión de becas para estudiantes ecuatorianos, de estancia en el extranjero para estudiar y que puedan regresar con esos conocimientos. “Se han concedido 5.000 becas Senescyt [Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación]. Más que en toda la historia de Ecuador”.

Ya existe un proyecto para crear la Ciudad del Conocimiento donde destacadas personalidades internacionales colaborarán en su creación [Stephen Hawking es el último, hasta ahora, al que han solicitado ayuda].

Recalca el siguiente dato: el 14% del PIB lo dedica el gobierno a inversiones públicas.

Es, entonces, cuando entra al trapo contra el “fundamentalismo neoliberal”; son de sobras conocidas sus ideas, pero aún así, no deja de repetirlas y resume ideas expuestas ya en su libro “De Banana Republic…”.

Quizá la más importante sea la que proclama el daño causado a su país por la desregulación bancaria, producida por las leyes creadas en 1994, y cuyas consecuencias derivaron en el éxodo masivo de la población en 1999 y años sucesivos. “Un país que apenas había migrado; que apenas tenía migrantes en el exterior”. De nuevo pide perdón por estos hechos, aun cuando él no fuera gobernante en esa época, como dice. Ahora, en cambio, se han convertido en importador de personal cualificado, entre ellos, bastantes españoles que están migrando a esta tierra y “que son bienvenidos”. Dice que hay “12.000 españoles” con su seguridad social y los mismos derechos que cualquier ecuatoriano; como, por ejemplo, el acceso a la sanidad gratuita. Recuerda un proyecto de convenio que hay al respecto con el gobierno español.

A raíz de mencionar los desmanes de la banca y el poder financiero es cuando nombra el tema más polémico de su mandato: los medios de comunicación.

Son 6 familias” las que controlan los medios televisivos e impresos. Añade, acto seguido, el modo en que los organismos económicos oligárquicos han influido en la población a través de la prensa. Se podría decir cómo se la han metido doblada al ciudadano haciéndolo creer que lo que era bueno para la banca era bueno para el ciudadano. Lo único que deja bien claro el presidente Correa es que, lo que es bueno para la banca es bueno para la banca. Punto.

Naturalmente, expone ejemplos como la concesión de créditos a las microempresas era con un 100% de intereses y, para sus entidades corporativas, era de un 25%, pero la prensa, explica, distorsionaba esta situación para apoyar esas leyes idóneas para los bancos.

Bancos que eran dueños de los medios de comunicación: de las 6 principales cadenas de televisión, 5 pertenecían a la banca.

Con su gobierno eso se terminó. Se ha regulado para impedir que los bancos sean los dueños. Una prensa que sólo piensa en su negocio no piensa en el bienestar ni en libertad de opinión del ciudadano; este es el comentario final de Correa sobre este tema.

Desde Europa se puede ver con inquietud tales hechos, pero, ¿nos fiamos de los medios de comunicación a la vista de lo que está sucediendo en el diario más emblemático de todos?

Ha finalizado su informe de cuentas a la ciudadanía. Aplausos, vítores a Correa, que acoge con templanza y calmando los ánimos; más vítores a Ecuador, los cuales sí apoya abiertamente.

El entusiasmo hacia este presidente pone en evidencia el éxito de su política y su personalidad. Le persuaden a cantar unas tranquilas canciones folclóricas para gusto del público. Hace de acompañamiento sin dejar de sonreir y bromea un poco. Incita al canciller Ricardo Patiño a actuar con él y con tres canciones da por concluido el acto y se despide de sus ciudadanos.

Me dejo algunos temas pero es que el discurso no ha sido el vibrante que yo esperaba; es posible que, al no hallarse en el Ecuador, se haya mostrado morigerado saberoso de que una parte del público no era ecuatoriano. Hay que tener en cuenta, como él mismo remarca, que este acto no es un discurso de campaña; sino un informe de cuentas para informar al ciudadano de lo que su gobierno hace por ellos.

En las pantallas de televisión, a ambos lados de la tarima, se mostraron, un par de veces, la efigie de un conocido y antiguo dirigente político nacionalista catalán de ERC en los ochenta.

No consigo entreverar qué diantres hacía allí ni si estaba a título personal. Es de sobras conocida la mania de los políticos españoles para arroparse en los éxitos ajenos puesto que sus discursos son de continuo traicionados por sus hechos. Hoy día, los emigrantes ecuatorianos pueden votar en las próximas elecciones autonómicas del 25N y la presencia, en un acto multitudinario de una comunidad extranjera, puede suponer captar votos. Dudo, honradamente, que alguien de los allí presentes, supiera quien era aquel tipo ni porqué se le enfocó dos o tres veces durante unos 10 segundos interminables. Parecía una momia cuyo silencio estaba más que justificado. Si hablase le sobrarían las palabras. Es la diferencia, palabra que tanto les gusta destacar a los políticos independentistas catalanes, con esta personalidad que detesta a los políticos: no habla para engañar.

En una película de Cantinflas de los años 60, el personaje que interpreta es un policía. Hay una escena donde se encuentra en un prostíbulo; está sentado solo en una mesa y se le acerca una prostituta. Durante la conversación que mantienen Cantinflas pronuncia la conocida frase: “Sólo sé que no sé nada”. Uy, responde la mujer, yo eso lo he escuchado en otra parte. ¿En la tele? ¿A los políticos? “No, los políticos no son sinceros”.